¿Es mejor aplicar frío o calor en una zona dolorida?

Este es un tema más que hablado, pero nunca está demás hacer un pequeño refresh al respecto…

Vamos a partir por lo clásico, estamos entrenando y zas! sufrimos una torcedura del pie, lo que en la gran mayoría de los casos significa una esguince (probablemente del ligamento fibulotalar anterior).. seguimos entrenando pues solo fue una dobladita y probablemente va a pasar… pero a la noche, en la comodidad del hogar vienen unos dolores agudos en la zona, bien específico. Qué hacemos?

Para este caso y para otros extrapolables similares debemos aplicar frío, siempre tiene que ir protegido con una sabanilla, toalla, papel, o algo que permita seguridad, ya que recordemos que el frío también quema y no queremos generar otra lesión donde mismo. La dosificación depende de la zona, de la piel, de la calidad del frío. Si es un ligamento superficial y no hay tanta grasa de por medio el frío demorará menos en llegar a la zona, y lo mismo viceversa, pero para estandarizar se recomienda 10-15 min de aplicación 2-3 veces al día.

Esto aplica para esguinces, golpes, desgarros (o sospechas de), y en el fondo cualquier acontecimiento que implique inflamación.

El frío genera disminución de la temperatura y del metabolismo local, lo que evita que se siga aumentando una inflamación o edema (líquido), también tiene efecto anestésico, ya que disminuye la velocidad de conducción del nervio, que es el que le dice al cerebro que algo “duele”.

Ahora otro caso… tuvimos una semana bien entrenada con hermosos resultados, pero no hicimos el regenerativo como correspondía y sentimos una pantorrilla como piedra, de hecho podemos tocar y sentir como unas pelotitas generan un dolor bien desagradable que impide caminar con normalidad.

En este caso lo más probable es que estemos en presencia de una contractura muscular. El músculo fue llevado a su tope y en su desesperación se aferró a la vida y trató de afirmarse de donde pudo, quedando todo apretado.

Para este caso aplicaremos calor, y como ya sabemos los efectos del frío, los del calor van a ser precisamente los contrarios; aumento del metabolismo local, mayor flujo de sangre y con esta, oxígeno. Un músculo contracturado es un músculo hipóxico, por lo que le vendría bastante bien una ayudita con eso.

Eso sí!, si es después de haber entrenado es mejor dejar pasar un tiempo prudente para que cesen los efectos inflamatorios propios de la actividad.

Las precauciones y dosificación son las mismas que para el frío, siempre proteger la piel del agente externo y aplicar por 10-15 min 2-3 veces al día. Recuerden que el calor no es solo un “guatero”, puede ser la ducha caliente, luz infrarroja, un masaje (calor por fricción), etc!.

Aún así! Para mayor cuidado recuerda siempre preguntar con un profesional al respecto, para que pueda asesorarte de la mejor manera posible, siempre con una correcta evaluación, que es lo principal para no trabajar a ciegas.

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Kinesiólogo U. Mayor, Diplomado en Terapia Manual ANME U. de Chile, Certificaciones en Taping, Punción Seca Metamérica, Masoterapia. Runner desde 2008, Trailrunner desde 2016. He corrido Muchas carreras cortas y medias, junto con 3 maratones en Santiago y una en Boston. En el trail me he encariñado con distancias por sobre los 15km. El correr se ha transformado en una forma de conexión con el medio. Desconectarse del mundo actual e inmiscuirse en los cerros, como si de un patio de juegos se tratara es el motor que me mueve. Creo que todos podemos correr a nuestros propios ritmos y sin límites, siempre que se complemente con una preparación física adecuada. Actualmente pensando en ultradistancias en trail y MDS para el 2019. 

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